¿Es la crucifixión un espantoso apaciguamiento de una deidad ofendida a través de la tortura y ejecución de una víctima inocente?
¿Dios descargó su ira al matar brutalmente a su Hijo para que finalmente pudiera encontrar los medios para perdonar? ¿Debemos imaginarnos que Juan 3:16 realmente significa que Dios odió tanto al mundo que matósu Hijo unigénito? No, imponer la noción primitiva de un apaciguamiento sacrificial sobre la cruz es lo que NT Wright describe como “la paganización de la teología de la expiación”. Los acontecimientos de la crucifixión no son Dios castigando a su Hijo. Con respecto a este entendimiento erróneo de la cruz, Wright dice:
“Si llegamos a esa conclusión, sabemos que no solo hemos cometido un error trivial que podría corregirse fácilmente, sino un gran error. Hemos retratado a Dios no como el Creador generoso, el Padre amoroso, sino como un déspota enojado. Esa idea no pertenece a la imagen bíblica de Dios, sino a las creencias paganas”.
La cruz no es lo que Dios inflige para perdonar; la cruz es lo que Dios en Cristo soporta mientras perdona. ¡Es una aclaración esencial y enorme! En la cruz, el Hijo no actúa como un agente de cambio sobre el Padre porque, de hecho, Dios es inmutable.
La teología ortodoxa siempre ha insistido en que Dios no está sujeto a cambios ni mutaciones. Así la cruz no es donde Jesús cambia a Dios sino donde Jesús revela a Dios. Jesús no nos salva de Dios; ¡Jesús revela a Dios como Salvador! No tenemos que imaginar al Hijo apaciguando a un Padre enojado para entender el Viernes Santo como el epicentro del perdón.
La cruz es el bosque entre los mundos, es el verdadero centro de la historia. Todo conduce a la cruz y todo fluye de la cruz. La muerte de Dios sobre un madero no es solo un evento dentro de la historia, es el evento que define y explica, revela y redime toda la historia
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